La inflación subyacente
Cada mes, cuando se publica el dato de inflación, los titulares repiten una cifra única. Sin embargo, los bancos centrales rara vez deciden con ese número: miran otro, menos famoso, llamado inflación subyacente.[1] Entender qué mide y qué deja fuera explica buena parte de las decisiones de tasas de interés que afectan créditos, hipotecas y ahorro, y de paso ayuda a leer mejor el costo del dinero que se analiza en la entrada sobre interés compuesto del blog de finanzas de esta red.
Qué es la inflación subyacente
La inflación general mide el cambio de precios de toda la canasta de consumo. La inflación subyacente toma esa misma canasta y le quita los componentes más volátiles, que suelen ser dos: los alimentos frescos (frutas, verduras, productos pecuarios) y la energía (gasolinas, gas, electricidad). Lo que queda es una medida del ritmo de fondo al que suben los precios de la economía.[2]
La razón del recorte no es que los alimentos o la energía no importen, pues pesan mucho en el gasto de los hogares. Se excluyen porque sus precios dependen de factores que la política monetaria no controla: una sequía, una helada, un conflicto petrolero o un cambio en tarifas. Incluirlos haría que la señal se moviera por ruido que ninguna tasa de interés puede corregir. Conviene pensar en la inflación general como la temperatura que se siente en la calle, con viento y sol incluidos, y en la subyacente como la temperatura del termómetro a la sombra.
Por qué guía las decisiones de los bancos centrales
Los bancos centrales, como el Banco de México o la Reserva Federal, ajustan su tasa de referencia para mantener la inflación cerca de una meta, en México el 3 % con un intervalo de tolerancia de un punto porcentual.[3] El problema es que la tasa de interés actúa con rezago: una subida de hoy enfría el crédito y el consumo entre uno y dos años después.
Con ese horizonte, reaccionar a un pico de la inflación general causado por una helada sería un error de puntería. Cuando el efecto de la tasa llegara a la economía, el precio del jitomate ya habría regresado a su nivel normal. La subyacente, al filtrar esos brincos, indica si las presiones de precios son persistentes y generalizadas, que es exactamente lo que la política monetaria sí puede combatir.
Cómo leer las dos cifras juntas
La lectura conjunta dice más que cualquiera de las dos por separado, y se resume en tres escenarios frecuentes.
Con la general alta y la subyacente estable, el choque es probablemente transitorio (energía o alimentos) y el banco central puede esperar sin subir tasas. Con las dos subiendo a la par, las presiones ya se extendieron al resto de precios y servicios, el escenario que suele provocar ciclos de alzas. Y con la general baja pero la subyacente alta, una caída del petróleo puede maquillar la cifra visible mientras los precios de fondo siguen acelerando, de modo que relajar la política en ese momento sería prematuro.
Dentro de la subyacente, los analistas miran con lupa los servicios (educación, salud, restaurantes, rentas). Sus precios dependen sobre todo de salarios locales, cambian con poca frecuencia y, una vez que aceleran, tardan en ceder. Una inflación de servicios persistentemente alta es la señal más clara de que las presiones dejaron de ser importadas o climáticas y se volvieron internas.
Qué significa para las finanzas personales
Seguir la subyacente ayuda a anticipar el costo del dinero. Si acelera durante varios meses, es razonable esperar tasas de referencia más altas por más tiempo, lo que encarece los créditos a tasa variable y mejora el rendimiento de los instrumentos de deuda de corto plazo. Si desacelera de forma sostenida, ocurre lo contrario.
Esa anticipación conecta con dos ideas desarrolladas en los blogs hermanos de esta red: el efecto de las tasas sobre el ahorro de largo plazo, tratado en la entrada sobre el interés compuesto, y la protección frente a escenarios que nadie puede pronosticar, tratada en la entrada sobre diversificación.
Preguntas frecuentes
¿Qué excluye exactamente la inflación subyacente?
Excluye los componentes de precios más volátiles de la canasta: los productos agropecuarios (frutas, verduras y pecuarios) y los energéticos, junto con las tarifas autorizadas por el gobierno. En México, esa parte excluida forma el componente no subyacente del índice de precios.
¿Cuál de las dos inflaciones es la "verdadera"?
Las dos son verdaderas y responden preguntas distintas. La general mide cuánto subió el costo de la canasta completa este mes, que es lo que siente el bolsillo. La subyacente estima a qué ritmo seguirán subiendo los precios cuando pase el ruido, que es lo que necesita saber quien decide las tasas de interés.
¿Por qué el banco central no reacciona a cada dato mensual?
Porque su herramienta actúa con un rezago de uno a dos años. Si reaccionara a cada brinco mensual, sus decisiones llegarían a la economía cuando el choque ya hubiera pasado, y añadirían volatilidad en lugar de quitarla. Por eso responde a la tendencia, que es lo que la subyacente captura.
Fuentes del artículo
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